sábado, 16 de mayo de 2015

Libre albedrío para todos

Hace algunos días mi mamá hizo sopa de mondongo con jarrete.
Quedaron tres huesos de jarrete que mi papá, si bien empezó a comerse, aún tenían algo del pellejo. Como ya nadie quería, se decidió darle esos tres huesos uno a cada uno de los perros de la casa.

La dieta de mis perros está basada completamente en alimento concentrado, y son raras las ocasiones, como esta, en que decidimos darles carne o huesos. Pero lo hacemos de vez en cuando, porque son carnívoros, y tienen derecho a un bocado rico de vez en cuando.
Siempre que les damos hueso, las heces les salen flojas. Es algo normal, a lo que ya me acostumbré. Por eso no dije nada.
Ayer en la tarde seguía habiendo heces flojas. Ok, algo normal, me dije. Vi vómitos de una especie de baba. Está raro, seguro el hueso le cayó pesado a alguno; pero no sé a cuál, entonces aún no voy a hacer nada.
En la noche veo que Drogo (O Khal, un perro inteligente que te entiende por ambos nombres) tiene la boca húmeda. Ok, es él. Ahora, ¿qué hago?
Le puse un mensaje a mi mamá (que había salido) y me pasó el número de la veterinaria de confianza. Contacté con ella, y me indicó desparacitante, y que le avisara si el perro seguía mal.

Hoy en la mañana, mi mamá despierta para encontrar una mancha enorme de sangre donde duermen los perros. Llama a la veterinaria, que de inmediato se lleva a Drogo para revisarlo. Detecta un virus muy fuerte, y le dice a mi mamá lo siguiente:
Puedo ponerle tratamiento, pero sólo hay un 5% de probabilidades que sobreviva, y él está sufriendo. Usted elige, ponerle tratamiento o ponerlo a dormir. 
Mi mamá, en su corazón humano, decide que un ser tan noble como Drogo no merece sufrir por el egoísmo humano de no querer dejarlo descansar. Le indica a la veterinaria que lo ponga a dormir, que le dé el descanso que merece. Así, tan sencillamente, Drogo ha pasado a ser otro de los tantos ángeles que fue enviado a tocar el corazón de una familia, a mostrarnos el verdadero significado del amor.

Sin embargo, la muerte de mi perro no es el tema que quiero comentar en esta entrada. Quiero saber: ¿por qué, si somos lo suficientemente "humanos" (aunque el término me parece incorrecto, debería ser compasivos. Estos dos no son sinónimos) para decidir que un animal enfermo sin cura debería descansar en paz, no se permite tomar esa misma decisión para una persona? ¿En qué le afecta a usted, persona en contra de la eutanasia, que mi perro muera? ¿o que Valentina Maureira decida que es suficiente? En nada. Tal vez usted diga, "la vida la da Dios y Él debe quitarla". Ok, hablemos de SU vida. Por favor, no se meta con los demás. Sea lo suficientemente compasivo (O humano, si lo prefiere) para preocuparse únicamente por su vida. Permita el libre albedrío para todos.

Oh, y si me van a criticar por comparar a Drogo con Valentina, les diré: la vida de los animales es hasta más valiosa que la de los humanos. Como dije arriba, los animales son los que nos pueden mostrar el verdadero significado del amor.

sábado, 4 de abril de 2015

Cuidado: estos pensamientos podrían causar entropía

Siempre que sea posible, en cualquier momento de nuestras vidas, debemos buscar que nuestra voz sea escuchada. Que las palabras no se las lleve el viento, y sean más de lo que no cuenta en el mundo. Por eso escribo esta entrada, y, aunque no voy a decir todas mis opiniones sobre el universo, quiero hablar sobre un tema que considero relevante: el aborto. 

He pensado en ello por bastante tiempo, y llegué a la conclusión de que estoy totalmente en contra del aborto, a menos que sea en casos de a) violación o b) peligro vital para la madre. Si el embarazo se da en uno de esos casos, realmente espero que la persona pueda decidir no tener a ese hijo. Sin embargo, de otra manera, considero el aborto un capricho. 
¿Te resbalaste en un baño y caíste sobre un pene erecto? De no ser así, estabas buscando quedar embarazada. ¿O no te han dicho que para eso es el sexo? En fin, lo estabas buscando, y ese bebé que tienes en tu vientre no es culpable de tu idiotez. 

Aún con este pensamiento (que algunos podrían clasificar como demasiado directo), si me dieran a elegir sobre legalizar o no esta práctica, diría que sí. ¡Legalicen el aborto!

Puedo imaginar la reacción de algunos de mis lectores: "¿Cómo? ¡Pero acabas de decir que estás en contra del aborto! ¿Es que mentías al inicio?" No, no miento, y les voy a explicar:

Estar en contra del aborto es mi opinión, así como algunos de ustedes opinan que su color favorito es el verde, o que no debería comerse carne, o que fue Dios, y no Zeus u Odín quien creó el universo. Si esto es mi opinión y no sólo una regla, ¿por qué, entonces, tener que forzar dicho pensamiento sobre las demás personas? En tanto el aborto sea realizado en las primeras 12 semanas de embarazo (porque a partir de ese momento se empieza a desarrollar el sistema nervioso, y el bebé empieza a sentir) vayan, háganlo si lo desean. De todas formas, aunque yo (y espero que hayan entendido la metaforización de la sociedad en mi persona) diga que no me parece correcto, igual lo van a hacer. ¿No es mejor que lo hagan legalmente, bajo condiciones de salubridad, que en una "clínica" donde podrían hasta terminar muertas? 

Esta es mi opinión. Sé que a muchos no les gustará, y respeto eso, así como respeto a las personas que apoyan y que no el aborto. Repito: No deberíamos imponer nuestra manera de pensar en los demás. Está bien no compartir, pero, ¿tan difícil es respetar?